lunes, 11 de julio de 2016

Síndrome de Ovarios Poliquísticos (SOP)

El síndrome de Ovarios Poliquísticos (PCOS en inglés) es un trastorno endocrino que básicamente consiste en una mala conexión entre la hipófisis, donde se producen muchas de las hormonas sexuales, y los ovarios. Como resultado de este "cortocircuito" las hormonas asociadas al ciclo reproductivo se ven alteradas y los ovarios no funcionan correctamente, apareciendo folículos "a medio crecer" en los mismos durante todo el ciclo y dificultando la ovulación, entre otras cosas.

Cuando me enteré de mi diagnóstico he de deciros que busqué muuuucho acerca de este síndrome y lo resumiría en lo siguiente: cada mujer con SOP es un mundo y puede tener muchos síntomas o pocos pero, en general, se suele aceptar que tienes SOP si tienes:
-Ovarios poliquísticos (OP), imagen de ecografía.
-Alteración de hormonas sexuales (fundamentalmente relación FSH/LH y testosterona). También la AMH (hormona Antimulleriana) se suele tener más alta de lo normal. Esta hormona mide la cantidad/calidad ovocitaria o lo que es lo mismo, la edad de nuestros ovarios, pero en caso de SOP entiendo que un valor tan desfasado no aporta mucha más información a la paciente.

Además de estos síntomas se pueden tener hirsutismo y acné (normalmente asociado a la testosterona en exceso), resistencia a la insulina y diabetes tipo 2, alopecia, sobrepeso (también dificultad para bajarlo), etc. Yo, además de los dos fundamentales para el diagnóstico, sólo tengo algo de hirsutismo y un poco de acné. No te vas a morir de este síndrome pero creo que es importante conocerlo.

Yo, por desgracia, tardé en saberlo y hasta que fui a mi primera clínica de infertilidad no lo supe. Y diréis: es que nunca había ido al ginecólogo? Pues sí, sí había ido, cada dos años a hacerme la citología de rigor, y esto fue lo que me dijeron...

Cuando cumplí los 30 empecé a notar que tenía algún grano potente en la cara que jamás había tenido (he tenido granitos contados en mi vida) y fui al dermatólogo. Este dermatólogo me pidió una serie de pruebas, básicamente hormonas, y me dijo que veía que la relación entre algunas de ellas no era la correcta (ahora sé que se refería a FSH/LH) y que fuera al ginecólogo. Como me tocaba una citología (voy desde los 20 años) aproveché y se lo comenté. Me dijo que tenía los ovarios "grandes" y que por eso estaban esas hormonas alteradas...con esta aclaración tan estupenda me quedé como estaba y le pregunté que si eso suponía algún problema para poder ser madre y me dijo que me podía costar "algo más". Obviamente salí de la consulta pensando que tenía los ovarios estupendos, de tan grandes que eran, y que si eso significaba unos meses más de búsqueda pues no pasaba nada. Feliz y tranquila salí de allí.

Unos años después, ya con pareja, y con la decisión de ponerme en faena y buscar el bebé, volví al ginecólogo (otro, porque residía ya en otra ciudad) para hacerme un chequeo previo. Le comenté lo de los ovarios grandes y va el tío y me dice: qué vaaa!! Son de tamaño normal. Ni que decir tiene que no salí muy convencida de allí y no volví más.

Este es el daño que hacen muchos médicos. El primero, mi ginecólogo de toda la vida, que no llama a las cosas por su nombre ni le da la importancia debida y el segundo que no sabe ni interpretar una ecografía. Resultado: yo no era consciente de lo que se me venía encima, y por tanto, tampoco podría haber tomado el camino correcto. Sólo me salvó una cosa: ser una agonías y una impaciente.

Mi concepto de los médicos en este proceso ha cambiado muchísimo. Muchos otros vinieron después y puedo aseguraros que estoy decepcionadísima con ellos. Hasta qué punto pueden hacerte daño y, encima, tratarte mal.

Unos meses después vino el diagnóstico, pero eso lo contaré en el siguiente post.

domingo, 10 de julio de 2016

Sobre mí

Después de un recorrido, digamos, intenso, en los Tratamientos de Reproducción Asistida de dos años, me he animado a escribir mi propio blog para devolver un poquito de lo que en su día tomé de todas esas mujeres que con los suyos tanto me han ayudado.

Ahora me toca a mí. Esta es mi historia. Y espero que ayude a todas aquellas que, como yo, un día sintieron que la situación les superaba y se sentían solas. Así que si has llegado a este blog buscando respuestas quiero decirte que no estás sola, que somos muchas, muchísimas, las que sufrimos de infertilidad y muchas las que nos sometemos a tratamientos, más o menos complicados, para poder ser madres. También te digo que hay mucha gente que no lo cuenta y miente, miente muchísimo.

Mi aventura en el mundo de la Reproducción Asistida se inicia con un diagnostico: Síndrome de Ovarios Poliquísticos, en el siguiente post empezaré a contar todo lo relativo a mi infertilidad y mi penosa experiencia con algunos que se hacen llamar médicos.

Resumiendo mi historial infértil: 
- no me quedé embarazada después de la (puñetera) histerosalpingografía,
- no me quedé embarazada con las inseminaciones,
- tampoco con mis primeros embriones in vitro

Os lo cuento así porque en todos y cada uno de esos pasos pensaba que me iba a quedar embarazada porque leía en internet, donde fuera, que alguien (aunque fuera en la Cochinchina) se había quedado embarazada así. Pues todas y cada una de las veces me la pegué. Para rematar mi historial, finalmente me quedé embarazada y sufrí 3 abortos, uno natural y dos (sí, también pasa) con tratamientos de reproducción asistida.

Mi pareja y yo empezamos a buscar nuestro bebé en octubre de 2014, por aquel entonces yo iba a cumplir 34 años y él tenía 32. Llevamos ya dos años y cada mes que pasa se me hace más pesado, pero no voy a dejar que esto pueda conmigo.

Creo firmemente en la máxima que dice que te conozcas a ti mismo, y yo lo he hecho extensivo a mi cuerpo, a intentar averiguar qué me pasa y por qué no he podido hasta ahora tener un bebé.

Es cierto que mi historial se ha complicado pero sigo pensando que lo conseguiremos Claro que hay días malos, pero en esencia si lo sigo intentando es porque sigo esperando y confiando que suceda. Porque la vida no puede ser tan difícil.

En la foto: yo, con mi madre, con poco más de un año.